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lunes, 13 de enero de 2014

El imperio de los sentidos

Primera Parte

Gracias a tus cinco sentidos orgánicos puedes relacionarte con el Universo.
 Desde tus primeros berrinches recibes naturalmente información de contexto
 y vas aprendiendo a ubicarte en él, desarrollando tu orientación espacial
 y reconociendo placeres y riesgos asociados.
 En el proceso de tu vida puedes encontrarte con mermas y limitaciones físicas de aquellos sentidos,
 por muy distintos motivos, que buscas (y logras) superar con variados artificios.
 En cualquier caso, allí valoras la importancia de contar con todos tus sentidos a pleno
 para que nada condicione tus posibilidades.

En el reino animal, genéricamente, los sentidos
guían a la supervivencia. Cuanto más y mejor vea, oiga, huela, palpe y guste,
un bicho que camina se mantiene más lejos
del asador y más cerca de su alimento. Para tí,
supremo entre los animales, es igual.
Pero, por algo eres supremo.
Eres consciente de tu creación personal.
Entiendes, gracias a una inteligencia superior
al resto animal, que la continua sucesión
de experiencias sensoriales que transitas
pueden ser elaboradas en un particular menú
para evolucionar tus capacidades naturales.


Todo aprendizaje aumenta tu campo de acción y tu efectividad. No aprendes hasta que no haces.
 A los otros animales les pasa lo mismo.
 Los registros de tus experiencias sensoriales constituyen tu memoria emotiva.
 Si te has quemado con leche, además de emocionarte hasta el llanto cuando veas a una vaca,
 desarrollarás alguna prudencia nueva en el manipuleo del cacharro en la que la calientas, si…?.
 Si una grúa te ha llevado el auto estacionado donde no se debía,
 la próxima vez lo recordarás tanto como ahora lo haces con la madre del policía de tránsito
 que te ha sancionado.

 Tus emociones están presentes en el desarrollo de tu inteligencia.
 Lo que eliges a cada momento no es un producto intelectual puro o innato.
 Eres una amalgama de biología y creencias.
 Por tus sentidos ingresan datos que son interpretados reflexivamente.
 Tus sensaciones facilitan el camino hacia nuevas competencias,
 que te van completando progresivamente para relacionarte mejor con el mundo (con tu mundo).



Así, primero ves y, luego, miras.
 Analizas y decides qué hacer con lo que estás mirando,
 además de viendo.
 En la misma lógica, oyes para escuchar (o no), después.
 Gustas y, un día, comprendes sabores.
 Sólo hueles hasta que distingues fragancias o hedores.
 Rozas y tanteas o rozas y acaricias.




Tus emociones son motivadoras. Las mías, también. Pero creo interesante que recuerdes
 que tu condición de animal con nivel superior en la escala de desarrollo te permite diseñar
 cuanto quieras la consecuencia de ese impulso sensorial. Cambiar la re-acción por la acción.
 Pararte en tus propios pies, los que sostienen todo lo que has aprendido.
 Mostrar que eres dueño de tus actos, elector pleno de dónde pones esos pies.
 Libre para dar los pasos que quieras. Para eso te han traído a este espacio de los tiempos.


Segunda Parte

A estas alturas puedes saber, si quieres, que lo que te sucede es percibido por ti
 a través de un complejo de alertas orgánicas.
 Se activan los sistemas neurológicos cerebrales (reticular, límbico, atencional, somático, motor),
 que conectan inmediatamente con otros glandulares, como el endocrino
 (hipotálamo, tiroides, suprarrenal, etc.) y el exocrino (lagrimales, salivales, sudoríferas, etc.)
 y funcionales vinculados (respiratorio, cardiovascular, muscular, etc.).
 La reacción en cadena es perfectamente inconsciente hasta que deja de serlo.
 Cuándo?. Cuando tu biología permite paso a tu creencia.
 Cuando decides qué hacer con lo que te está sucediendo.
  Allí la respuesta se hace acción consciente.
 Algo o nada. Aunque no hacer nada sólo parece eso.
 Porque has decidido, precisamente, “hacer nada” con el estímulo recibido.

Cuando merma la disposición plena
 de uno de los sentidos, los otros agudizan su desarrollo relativo
 para compensar la pérdida
 y mantener activo el sistema receptor de información exterior.
 Es un ajuste natural,
 para que la nueva circunstancia
 no baje su rendimiento globlal.
 Si alguna vez te ocurre algo así,
 serás un beneficiario pasivo
 de este procedimiento,
 que se activa sin pedirte opinión. Podrás afinarlo, pero una parte
 del éxito lo asegura Madre Natura.



“El imperio de los sentidos” es el título de una sensual película franco-japonesa de los 70´s.
 Y también es el título de tu vida. Todo lo que haces responde al imperio de tus sentidos,
 que abren camino a tus emociones y, entonces, actúas. Algo así como un mandato natural.

Puedes aplicar, ya voluntariamente, el mismo mecanismo
 para compensar (en ti o en otro) alguna pérdida transitoria.
 Por ejemplo, cuando se nubla tu mirada y no ves objetivos claros, no encuentras caminos
 y no confías, toma la posta tu olfato intuitivo y convoca a la humildad,
 que trae dosis extras de tus capacidades de pedir ayuda y escuchar a quienes quieren orientarte.
 Si eso mismo ocurre cuando escalas en la “jerarquía” social (o en tu función laboral),
 y pierdes algo de vista panorámica, te marean ciertos aromas dulzones
y hasta se reduce tu tacto, será bueno que eches mano
 a tu sentido de responsabilidad, porque está más disponible en esos casos
 (puede venir acompañado de un pack de escucha generosa a clientes y equipo colaborador
 y otro de sentido de mejora en la calidad del trato).
 Si, en cambio, falla el sensor de ruidos parecidos a palabras, tu oído, el que compensa
 es el sentido del servicio práctico y no de boca, que se pone a las órdenes para reparar tu trastorno (logra grandes resultados trabajando en silencio, pero con firmeza y perseverancia).
 Cuando el gusto se reduce, se hace rutinario y no experimenta el disfrute o el rechazo,
 es recomendable que apeles al sentido de explorar posibilidades nuevas.


Si hay una crisis general en tus sentidos,
 ves todo mal,
 no escuchas a nadie,
 te asquean los olores sociales,
 nada te sabe bien
 y tienes alergias al contacto,
 quiero agradecerte sinceramente que hayas llegado hasta este renglón… y decirte
 que has comenzado
 tu tratamiento de recuperación.




Mientras trabajaba en terminar de ajustar este artículo, me enteré de la muerte
 de una persona conocida en un incidente vial. Un tiempo atrás había vivido algo parecido,
 pero, entonces, logró sobrevivir. Esta vez, no.
 En ambos casos, probablemente, no fue asunto del destino.

En el imperio de los sentidos, gobiernan tus emociones y las asesoran tus creencias.
 Por ellas, haces o dejas de hacer. El destino, por llamarlo de alguna manera a “eso”
 que parece inexplicable, está atento a tus decisiones.
 No dejes de hacerte cargo de tus actos en su nombre.
 Puede ser riesgoso. Puede ser aburrido, insano y hasta ingrato con tus mayores.



Observa todo lo que alcances;
 puedes ayudarte escuchando para ver más.
 Husmea detalles,
 saborea hasta el fin,
 toca sin complejos.




Eres el rey en el imperio de tus sentidos.



martes, 17 de septiembre de 2013

Otro Perro Callejero

Bienvenidos.... aunque, pensándolo mejor, no es este mi lugar,
 al que pueda bien recibirlos... Es el lugar de todos, la calle en un formato de pantalla. 

Quien más, quien menos, alguna vez te has cruzado con un perro callejero. 
Y sin entrar en detalles sobre su conducta, posiblemente influenciada por sus tratos previos (bientratos o maltratos), la cosa es que no se puede discutir su libertad. 

Yo me he preguntado si se dan cuenta o no. Si uno cree que son libres y ellos no. 
Porque tienen la libertad de gastar sus energías buscando cómo reponerlas...
 no le rinden cuentas a nadie más que a sus energías residuales. Y bueno, son animales.
 No necesitan otra cosa que ocuparse de su existencia. Cuidarla, preservarla, sostenerla, saborearla, vivirla. Lo que hagan en el medio, mientras hacen eso, también es parte
 "de la suya". Como por ejemplo, movernos la cola y seguir en la suya,
 juntarse con otros semejantes y seguir en la suya, obviar alguna reyerta
 propuesta por perros de mamá o de papá y seguir en la suya, ser solidarios con los chicos y los pobres viejos (y viejos pobres) y seguir en la suya, protegerse de los enfermos, confiar, escaparle a la envidia, hacer espíritu de cuerpo ante la sospecha, amar,
 desafiar límites, dejarse querer, buscar, andar, no cruzar cuando el verde del otro, meterse en una iglesia si se siente bien ahí, 
hacer amistades con los hombres que son animales,
 ladrarle a los miedos y las ansiedades... en fin, ya sabes lo que es un perro callejero. 
Yo soy otro.

Otro perro callejero.
 Así lo siento. Si estás por acá, es porque tu cola es sensible 
a la vida que está ahí afuera.
 Sin dobles sentidos...
 digo que ese es tu sensor. 
Que te conecta con el mundo animal que se para en dos patas
 la mayoría de las veces. Pero tienes claro cuál "es la tuya". Negocias y tratas, vas y vienes, haces y haces,
pero no dejas de ser quien eres. 




No vives por o para otros, sino para ti. Y vives. Vaya si vives...

Quieres más. A ti te quiero hablar. A otro perro callejero, como yo.